miércoles, 1 de octubre de 2014

CATALUÑA Y ARAGÓN

Aragón Digital, 1 de octubre de 2014

¿Se imaginan los lectores, conciudadanos aragoneses y aragonesas, si el 10 de noviembre tenemos una Cataluña independiente?

Nuestros queridos vecinos catalanes, con los que tenemos lazos comunes desde hace muchos cientos de años, antes dentro de la Corona de Aragón y desde hace más de 500 años en nuestra España de todos, dejarían de ser vecinos de nuestro mismo país.

Serían vecinos extranjeros. Como los franceses, alemanes, italianos. ¿Se imaginan ustedes? O, mejor dicho, casi como si fuesen rusos, marroquíes o australianos o norteamericanos, al quedar el nuevo país automáticamente excluido de la Unión Europea.

Los aragoneses, como españoles que somos, necesitaríamos un visado para ir a Salou, o Cambrils, o Calafell, o para ir de visita o de negocios a Barcelona. ¿Cómo haría el AVE al llegar a Lérida? ¿Y la autoría al pasar los pueblos y ciudades aragoneses de la Franja?

¿Tendríamos que obtener un permiso de residencia para pasar a Lérida o Tarragona o Barcelona o Gerona?

¿Y los catalanes? ¿Se imaginan que se les solicite visado para entrar en la frontera española, que quedaría fijada en Aragón?

Pues sinceramente yo, como ciudadano de ideas progresistas, de izquierda, pero que me siento profundamente español, a mucha honra, y profundamente aragonés, no me imagino esta situación

Me resisto a ella. Me resisto a aceptar una futura realidad diseñada por los sinvergüenzas Mas y herederos de los Pujoles de turno, que están manipulando los sentimientos catalaninstas, nobles y legítimos de una parte importante de la población catalana

Cataluña es España. Siempre lo ha sido. Y me temo, y me congratulo, de que siempre lo será.

Pero hemos de darle la vuelta a los argumentos manipuladores de Mas y compañía que pretenden tapar sus pufos y corrupciones que llevan en sus bolsillos en las últimas tres décadas con una actuación contundente.

Primero, parar todo esto por la vía legal, por el imperio de la Constitución y la ley (sólo todos los españoles podemos decidir sobre el futuro común, y no sólo una parte, los catalanes), como se está haciendo. Tarde y mal, por el Gobierno. Pero lo de estos días es correcto. Se debió hacer desde el primer día. Hace ya dos años para frenar de golpe todo este desaguisado.

Pero, segundo y más importante: proponiendo a los catalanes un nuevo sistema de convivencia, de carácter federal, con peculiaridades mutuas reconocidas, pero con solidaridad y cooperación, como exigen las reglas de un Estado federal.

Como dijo Maragall antes de los Juegos Olímpicos de 1992: "Lo que es bueno para Cataluña, es bueno para España, y viceversa".

Así deberá ser. Y así tendremos que hacer para que así sea. Entre todos.