lunes, 8 de octubre de 2012

Cataluña y España se necesitan

Aragón Digital, 5 octubre 2012


Tras más de treinta años de andadura constitucional y autonómica en España y en Cataluña, por primera vez en nuestra historia reciente se ha planteado la seria posibilidad de secesión o independencia de Cataluña sobre el resto de España. Los partidos catalanistas (CIU y la rama catalanista del PSC), que durante estas tres décadas han mantenido una calculada ambigüedad sobre esta cuestión, pero sin plantear nunca abiertamente la secesión (ni siquiera la autodeterminación), han dado en las últimas semanas un paso hacia adelante hacia lo que ellos llaman "soberanía del pueblo catalán".
Sin embargo, aunque en el nuevo Estatut de 2006 introdujo algunos conceptos nuevos en su Exposición de Motivos y en los primeros preceptos de su articulado, el Tribunal Constitucional lo ha declarado conforme a la Constitución de 1978 y, por tanto, con el principio esencial de la unidad de España y con la solidaridad interterritorial, que son, junto con la coordinación y la cooperación, los pilares del actual Estado autonómico.
Llama la atención que a los pocos días de solicitarse por parte del Gobierno autonómico catalán el rescate al Estado (ante la enormidad del déficit público existente en esta Comunidad, muy superior al del resto de España), se plantee por primera vez en tres décadas el inicio de esta deriva soberanista que se produce en un momento tremendamente inoportuno, cuando España y los españoles más imagen de unidad debemos dar ante el resto de Europa y del mundo (en estos tiempos tan complicados que vivimos), y cuando el déficit catalán se ha disparado hasta límites muy por encima de los de comunidades como Madrid, o Castilla y León, que son y han sido siempre el corazón de España.
Está claro que esta estrategia (en el marco del llamado “pacto fiscal”) lo que busca es que se apruebe un régimen fiscal especial para Cataluña, similar al del País Vasco y Navarra. Pero debe tenerse en cuenta que estos regímenes, al margen de los aspectos discutibles que conlleven, se amparan en fueros históricos, en la Constitución y en los Estatutos vasco y navarro, pero no sucede lo mismo con el caso catalán.
Da la impresión de que los políticos catalanes, en un momento de gran descontento ciudadano hacia la clase política (y hacia los propios promotores políticos de la iniciativa, que son el Gobierno de CIU), han emprendido una estrategia de “huida hacia adelante”, una especie de “cortina de humo” ante la más que discutible e ineficiente gestión pública llevada a cabo por los gobiernos catalanes en los últimos diez años (los del tripartito y los actuales de CIU), que está siendo puesta en duda hoy ante la inminente solicitud de rescate.
Para los catalanes, que son un pueblo emprendedor y trabajador donde los haya (y que como es sabido esta Comunidad está unida a Aragón por importantes lazos históricos), que sus políticos les hayan llevado a esta situación de tener que solicitar un rescate, sin duda, supone una gran deshonra.
Pero la solución ante esta situación entiendo que debe ser una mayor unión, cohesión, solidaridad y cooperación entre los catalanes y el resto de españoles, y no esta absurda y equivocada vorágine de diferenciación y de soberanismo, que no conduce hacia ningún lado, porque es contraria a la Constitución y sus principios de unidad y solidaridad interterritorial, y también a los principios de la Constitución europea, que no permiten la secesión a los pueblos que viven en normalidad democrática, como sucede con España y con Cataluña.
Cataluña y España se necesitan hoy más que nunca, y este desaguisado que han emprendido de modo irresponsable los actuales gobernantes catalanes debería reconducirse hacia un proceso totalmente inverso, para el bien de nuestro país y de la más pronta recuperación de su economía.