miércoles, 6 de junio de 2012

LA CANCILLER Y EL MAPA

ARAGÓN DIGITAL (4.6.2012)

Resulta cuando menos sorprendente que en un vídeo recientemente difundido en Internet la canciller germana, Angela Merkel, fue preguntada por los estudiantes sobre el lugar donde se encontraba Berlín en un mapa, y Merkel no fue capaz de situar a la capital de su país dentro del plano.

Este hecho es totalmente cierto (puede buscarse el vídeo en muchos lugares de la red donde se ha difundido), y nos ilustra sobre la baja calidad intelectual (y también moral, por lo que esta anécdota implica de por sí) y como estadista, de la mayoría de nuestros actuales líderes europeos.

En este contexto en el que hablamos, es claro que existe una estrategia de los alemanes y los países del norte de Europa por estigmatizar a los países del sur (entre ellos España), que es cierto que han cometido muy graves errores de gestión pública y privada en los últimos 15 años (el sobredimensionamiento del sector inmobiliario).

Pero no es menos cierto también que el sobre endeudamiento que teníamos en España fue alentado en gran parte por los bancos alemanes, que ganaban con estas prácticas.

Y hoy, la actual situación de España, Grecia, Portugal e Irlanda, es alentada por los alemanes para defender una política económica de ajustes y recortes que se aleja de la práctica europea (y norteamericana actual del presidente Obama), que en los últimos 70 años siempre siguió una línea keynesiana: en época de crisis, el Estado debe intervenir más con inversión pública precisamente para estimular la economía.

La actual política de recortes, llevada a cabo por todos los gobiernos, sin excepción, constituye un grave error, porque aunque sí limita muchos gastos innecesarios, también a la vez afecta a la inversión pública, que estimula la economía, y a servicios esenciales para el mantenimiento de la cohesión social.

Frente a ello, existe una política alternativa, que en EEUU hace 25 años Gaebler y Osborne ya plasmaron en su conocido libro La reinvención del Gobierno: el Gobierno debe intervenir menos cuantitativamente, pero no cualitativamente.

Y en este siglo XXI, los gobiernos que sean más eficientes y con menos recursos gestionen mejor serán los que consigan el éxito en la gestión pública.

Pero el recorte y la reducción del gasto no es la solución, pues ahoga la economía y satisface los intereses de los más poderosos, porque ellos son quienes especulan con el dinero de todos y quienes hoy invierten en un país con su deuda, y mañana en el otro lado del mundo con otros bienes o servicios.

Los europeos debemos decir definitivamente un no rotundo a esta imposición de esta forma de entender lo público (que en el fondo es lo que es de todos), que queda degradado a unos niveles que hace pocos años parecía impensable que iba a llegarse a esta situación.

Frente a los recortes, la alternativa es plantarse de modo vehemente frente a las imposiciones exteriores (nadie se va a atrever a expulsar a España del euro), y hacer un poco lo que han hecho los valientes islandeses: la deuda que ahora tenemos fueron los alemanes, franceses y otros quienes nos empujaron a asumirla, para ganar ellos con intereses y otros conceptos.

Ahora somos nosotros quienes deberíamos negarnos a pagarla y obligar a nuestros bancos y gobiernos a empezar de nuevo. Caiga quien caiga.

Y para conseguir que al final quien gane sea el ciudadano y la pequeña y mediana empresa, que son el corazón de este país, de modo que el crédito se recupere y se vuelva a estimular la economía y a recuperar el optimismo de los ciudadanos.

Hace falta una rebelión cívica, a la islandesa, para decirle a Merkel que hasta que no sepa situar bien en el mapa la ciudad de Berlín nosotros no estamos dispuestos ya más a dejarnos engañar por sus falacias y sus imposiciones.