lunes, 28 de mayo de 2012

La nueva reforma del sector financiero

Aragón Digital (28 de mayo de 2012)

En un artículo que escribimos tras la aprobación del RD Ley 2/2012, de 18 de febrero, afirmábamos que con aquella reforma se pretendía sentar las bases definitivas para lograr la confianza de nuestros socios comunitarios y de los mercados, y que por fin, España pudiera contar con un sistema financiero saneado de los activos inmobiliarios.

Sin embargo, en el transcurso de los meses han aflorado muchos más activos inmobiliarios deteriorados de lo que se pensaba en aquel momento, y el Gobierno se ha visto obligado a aprobar, mediante el RD Ley 18/2012 (ya van nada menos que 18 Decretos Leyes en 4 meses de año, más que en los años de la transición y los Pactos de la Moncloa), una nueva reforma del sector financiero.

En esta ocasión, no nos vamos a atrever a afirmar que ésta será la definitiva, pues la hondura de la crisis del sector inmobiliario está siendo mucho mayor de lo que en principio se creía.

Es imprescindible que los bancos cuenten de modo definitivo con unos balances saneados para que el crédito vuelva a fluir hacia las familias y las empresas y que la recuperación económica sea por fin un hecho.

Sin un sistema financiero saneado nuestro país tardará mucho más en recuperarse, y por este motivo, el principal objetivo de la política económica de España, a día de hoy, es contar con unos bancos y cajas de ahorros sólidos y solventes.

Nuestro sistema de supervisión financiera, tras las enormes crisis bancarias de los 70 y 80, había convertido a nuestro Banco de España y a nuestras autoridades económicas, en un ejemplo a seguir en los países occidentales.

Sin embargo, en estos últimos 10 años han fallado estrepitosamente los mecanismos de supervisión y deberían sin duda exigirse responsabilidades por ello.

Pero, al mismo tiempo, debemos transmitir a la opinión pública y a nuestros socios europeos y a los inversores internacionales un mensaje de seriedad y de responsabilidad, porque España es un país que en los últimos 30 años ha progresado más que en los dos últimos siglos, y por fin hemos terminado con el aislamiento secular.

Debemos apoyar todas las acciones que se lleven a cabo, por cualquier Gobierno, para conseguir que España recupere su peso en Europa y en el mundo, y que se corrijan los enormes errores de supervisión que se habían cometido en esta última década en el ámbito del sector financiero.

Nuestro sistema financiero es sólido, pero deben acometerse todas las reformas que sean precisas, para recuperar el prestigio y el nombre internacional que tenía antes de la actual crisis.