domingo, 7 de agosto de 2011

FRENTE A LOS MERCADOS: GOBIERNOS EFICIENTES

Aragón Digital 5 a 7 de agosto de 2011

Se habla constantemente, en los últimos meses, de la debilidad económica de los países mediterráneos (Italia, Grecia, Portugal y España) frente a los continuos acosos por parte de los mercados internacionales a las finanzas públicas de estos países que hoy se ven condicionadas por las emisiones de deudas y los tipos de interés a los que se adquieren las mismas.

Todo el debate sobre la política económica nacional y en la UE está girando hoy sobre un punto que tiene carácter coyuntural, pero que marca toda la agenda económica actual: ¿Nuestros Gobiernos son fiables para los mercados?

Las autoridades bancarias europeas han publicado recientemente los llamados test de estrés de las entidades financieras, con un aprobado de casi todas las examinadas, con el fin de transmitir a esos mercados que nuestros bancos sí son fiables.

Sin embargo, a los pocos días de ello, el Estado ha intervenido en la Caja de Ahorros del Mediterráneo con una inyección de 3.000 millones de euros de dinero público, sin que ello conlleve el procesamiento ni la exigencia de responsabilidad a ningún directivo, que son los auténticos responsables de estos graves errores de gestión. Los mercados han vuelto a desconfiar y los medios económicos continúan insistiendo en la debilidad de nuestras economías en la UE, sin excepción de países.

Ante esta situación, quiero exponer dos reflexiones. La primera es que los Gobiernos y las autoridades de la UE no deberían depender del criterio de los mercados para adoptar las medidas de su política económica, pues estamos dependiendo con ello de un tipo de economía (la especulativa, la de los inversores financieros) que es precisamente la que ha fracasado estrepitosamente con la actual crisis económica. La segunda reflexión se deriva de la anterior: Frente a ello, ¿qué alternativa de política económica y de políticas públicas podemos ofrecer a nuestras sociedades y a los agentes económicos y sociales internacionales y europeos?.

Pues la respuesta es muy clara: Nuestra alternativa a la crisis no debe ser reactiva, como la que erróneamente ofrecen todos los Gobiernos en estos meses (respondiendo a la exigencia cada día de esos voraces mercados con medidas para calmarlos pero que nunca los calman, porque son insaciables).

Al contrario, la respuesta a la crisis debe ser proyectiva, es decir, reflexiva y basada en un plan y en un programa profundo que se fundamente en una nueva concepción de los Gobiernos y del papel del Estado en la sociedad y en la economía.

Esto último debe significar que debe revisarse a fondo el modo en que el Estado regula la economía y la sociedad, donde todos nuestros países cuentan hoy con aparatos burocráticos muy lentos y costosos para los ciudadanos y poco ágiles en la compleja y dinámica sociedad y economía actuales.

Es imprescindible por ello reformar profundamente nuestros Gobiernos y reducir de modo radical los trámites y las estructuras burocráticas, con una simplificación y una coordinación entre todos los entes públicos (europeos, estatales, regionales y locales), para conseguir unos Gobiernos modernos y eficientes.

Ésta debe ser la verdadera respuesta a los mercados: nuestros Gobiernos han cambiado y son eficientes y serán capaces de predecir futuras crisis y, a la vez, de prestar los servicios públicos (educación, sanidad, infraestructuras…) con eficiencia, asegurando la cohesión social.

Sólo con una respuesta de este tipo podremos conseguir un modelo económico y social estable en Europa y poder conseguir mantener nuestro Estado social consiguiendo a la vez unos Gobiernos eficientes.

Mientras continuemos adoptando medidas día a día, semana a semana, precipitadamente, pero perdiendo el horizonte de lo que en realidad debería hacerse (reformar profundamente los Gobiernos), estaremos lejos de salir de la crisis y de hacer frente a las amenazas de los mercados financieros internacionales.

Estos mercados deben ser regulados y controlados para evitar futuras crisis especulativas, como dice el nobel Stiglitz, y los Gobiernos deben tomar el timón de la dirección y supervisión del proceso económico: Los Gobiernos deben controlar y supervisar a los mercados, y no al revés, como está sucediendo.

Ésta es la paradoja de la economía actual, que debemos despejar con urgencia si queremos de verdad ver la luz en esta especial situación actual de dificultad.