martes, 16 de febrero de 2010

MAYOR TRANSPARENCIA EN ARAGÓN

Aragón y España han experimentado, en los últimos veinte años (interrumpidos por la grave crisis económica actual), un crecimiento económico muy importante, que se ha traducido en una mejora notable en los servicios e infraestructuras públicas, y hoy contamos con colegios, hospitales o carreteras de un nivel similar al de los países de nuestro entorno.

Pero esta equiparación en nivel económico y social no se ha traducido en un elemento fundamental en un país democrático: el grado de control de los ciudadanos sobre sus gobernantes y en la reducción al mínimo del nivel de corrupción.

Por ello, la reducción de la corrupción a los niveles de los países escandinavos y del norte de Europa (es decir, la mínimamente asumible desde el punto de vista humano) es hoy uno de los retos más importantes de nuestra democracia, pues de nada sirve haber avanzado tanto en progreso económico y social si los mecanismos de control sobre los gobernantes fallan estrepitosamente. Los casos Gürtel, Santa Coloma y de Unió Mallorquina han sido las gotas que han colmado el vaso.

En Aragón el caso de La Muela ha sido un primer aviso a navegantes, pero no debemos olvidar que por las manos de todas nuestras administraciones y gobiernos han pasado en los últimos años miles de instrumentos urbanísticos y miles de contratos y subvenciones públicas, y se han gestionado muchos miles de millones de euros, con un control jurídico, financiero y social muy escaso en la mayoría de los casos.

Un país moderno debe contar con una Administración transparente y cercana el ciudadano, que rinda cuentas de hasta el último euro que gasta cada uno de los gobiernos, y donde el ciudadano pueda participar mucho más en la gestión de los asuntos públicos.

Deben emprenderse sin demora las reformas legales que endurezcan los tipos penales de tráfico de influencias, prevaricación, cohecho y los demás asociados a la corrupción y en Aragón urge poner en marcha la Cámara de Cuentas, con los medios materiales y personales suficientes, y que controle hasta el último euro en la gestión del Gobierno de Aragón, los más de 700 ayuntamientos, las tres diputaciones y las 32 comarcas.

Es posible que la profesión política (sobre todo entre quienes asumen responsabilidades importantes) no esté suficientemente remunerada, en comparación con la empresa privada, pero el hecho de asumir una responsabilidad pública constituye un honor, por el servicio a los ciudadanos que ello conlleva, y es intolerable que se cometa la más mínima irregularidad.

Los ciudadanos se merecen un sistema mejor, donde por fin nos equiparemos a los países de nuestro entorno en el control sobre nuestros gobernantes y en el grado de transparencia del sistema.

ARAGÓN Y EL REAL ZARAGOZA

Aragón Digital
10 de febrero de 2010

Mucho se está hablando en las últimas semanas sobre la caótica situación en la que se encuentra el Real Zaragoza (aliviada, afortunadamente, con los últimos triunfos deportivos en la liga), tras los múltiples errores de gestión cometidos por el equipo encabezado en los últimos tres años por el dimisionario Eduardo Bandrés.

La ilusión y el apoyo casi unánime que consiguieron al principio, al ser gestionado el equipo por un profesor con fama de buen gestor y por un empresario hecho a sí mismo, que en esos momentos se veía como modelo en Aragón, se han ido desvaneciendo hasta llegar, hoy, a una importante decepción de los aficionados y el público en Aragón.

Ojalá Agapito Iglesias demuestre su valentía como empresario que siempre ha asumido riesgos y adoptado decisiones difíciles, y que la situación pueda enderezarse en las próximas semanas y meses.

Esta decepción de los aficionados zaragocistas, sin embargo, no es una casualidad, y es el resultado de una gestión deportiva, en nuestra Comunidad Autónoma que, salvo algunos casos excepcionales, tiene en estos momentos muchas lagunas y además se ve afectada por el bajo tono general de nuestra actual política autonómica, falta de proyectos, de nuevas ideas, y en definitiva de ambición.

Esta situación es muy preocupante, no sólo por la sangría económica que una vez más nos costará a los contribuyentes, sino porque como aragoneses, el Real Zaragoza, al igual que ocurre con el Barça en Cataluña, “es mucho más que un club”. El Real Zaragoza es Aragón, y Aragón es el Real Zaragoza, aunque suene un poco a redundancia, como bien dice mi buen amigo Luis Ferruz, socio zaragocista, además de brillante profesor de Economía.

Por todo ello, es urgente que nuestros poderes públicos y nuestros responsables empresariales y sociales se pongan manos a la obra, de inmediato, para diseñar un plan estratégico para el Real Zaragoza para los próximos años, en donde se organice mucho más la prometedora cantera del equipo, se implante la motivación en la plantilla, y se cree un nuevo modelo de gestión deportiva y económica del equipo, con una mayor participación en su gestión por parte de los aficionados y socios.

Porque Zaragoza, que es la quinta y casi cuarta ciudad de España, no puede contar todos los años con un equipo que últimamente está luchando cada año por la permanencia en Primera División, cuando todos los años debería tener la ambición y la valentía de luchar por los primeros puestos en la liga y aspirar a la Champions League.

De las decisiones que se adopten en los próximos meses, incluida la de la construcción del nuevo estadio, depende el futuro del Real Zaragoza, pero también la imagen de Aragón y nuestra gran proyección futura, si se hacen las cosas bien esta vez.