miércoles, 13 de octubre de 2010

LA EXPERIENCIA DE LAS PRIMARIAS DE 2010

Documentalistas, 13 de octubre de 2010
En las últimas semanas, las elecciones primarias que han tenido lugar en el Partido Socialista en distintas Comunidades Autónomas han sido un referente informativo constante en toda España, y convirtiéndose en una de las noticias que ha suscitado más interés en toda la prensa y en la opinión pública, traspasando incluso nuestras fronteras, para ser tratado por los medios de comunicación internacionales.
El caso de Madrid ha sido el más conocido, pero en Comunidades como en Valencia, Murcia, La Rioja o Canarias han tenido lugar procesos de primarias para elegir a los candidatos a la presidencia autonómica y a algunas alcaldías, y otras como Aragón o Andalucía han visto burdamente frustrado el intento de algunos candidatos independientes de poner en marcha el proceso.
Sobre este particular y como punto de partida, debemos valorar el proceso de elecciones primarias como un elemento positivo de nuestro sistema político, que introduce aires frescos y de renovación y participación ciudadana en el anquilosado y partitocrático sistema de partidos con el que contamos hoy en España. Sin embargo, debe recordarse que este sistema de elección de candidaturas a las elecciones sólo lo ha puesto en marcha uno de los partidos políticos nacionales (el PSOE), y alguno regional concreto (como la CHA en Aragón), pero ni mucho menos es un sistema generalizado que utilicen todos los partidos.
Por ello, mientras las primarias no se regulen con carácter general obligatorio para todos los partidos en la Ley de Régimen Electoral General, que debería extenderse además a los simpatizantes inscritos, y no sólo a los militantes, que son una parte muy reducida del censo electoral, su impacto será muy reducido en nuestro sistema político y tendrá un carácter meramente anecdótico y residual, como hoy sucede. Muestra de ello es el distanciamiento y desafección social de los ciudadanos con respecto de la vida interna de los partidos actuales.
Sólo con una regulación nacional, sistemática de los procesos de primarias, se conseguirá que éstas tengan el impacto que alcanzan en países con democracia mucho más avanzada y abierta que la nuestra (como en Estados Unidos), donde este mecanismo se utiliza incluso en los casos en que se está gobernando una institución, y donde se encuentran abiertas a todos los electores de un partido (y donde participan varias decenas de millones de norteamericanos en cada ocasión).
Las ventajas de extender este sistema de primarias a todos los partidos son innumerables: una mayor cercanía entre los políticos y los ciudadanos votantes; una mayor transparencia del sistema político, donde los electores tienen con el sistema de primarias una oportunidad para controlar de modo mucho más directo la actividad que realizan sus representantes; o también una mayor posibilidad de renovación de los cargos públicos y una ruptura con el sistema actual de la partitocracia, donde rige una auténtica Ley de hierro de la oligarquía, que describió de modo tan magistral el politólogo alemán Robert Michels en su obra Los partidos políticos, siguiendo la línea de Max Weber.
La evolución reciente del presidente Zapatero y el caso de las primarias de Madrid (donde el candidato ganador lo ha hecho por haber sido capaz de transmitir una idea de cercanía a los militantes y de distanciamiento respecto de los sectores del aparato más oligárquico de Ferraz), es el más claro ejemplo del cumplimiento de esta ley anunciada por Michels hace un siglo: frente al No os voy a fallar que entusiasmó a 11 millones de españoles en 2004, se ha pasado hoy a actuar bajo el fatídico síndrome de la Moncloa.
Por ello, para evitar precisamente esta situación, el sistema de primarias es el mejor antídoto frente a la desilusión y al distanciamiento actual de los ciudadanos frente a sus representantes públicos, y con su puesta en práctica de un modo generalizado en todos los partidos se abriría el camino también de otras reformas en nuestro sistema político (la implantación de las listas abiertas, o de la elección por distritos, etc), que son tan necesarias hoy en España y en Europa.
No comprender esto implica la carencia de la suficiente visión y capacidad de adaptación al cambio y a la evolución democrática que hoy en día está exigiendo nuestra sociedad y ciudadanía a la clase política.