viernes, 17 de julio de 2009

UN NUEVO MODELO URBANÍSTICO

UN NUEVO MODELO URBANÍSTICO
17/07/2009. EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
César Ciriano Vela

La aprobación hace varias semanas, por las Cortes de Aragón, de la nueva Ley Urbanística (que sustituye a la ya obsoleta aprobada en 1999) pretende ofrecer solución a la nueva situación del sector inmobiliario tras su hundimiento en los últimos meses con el agravamiento de la crisis económica general.
En el fondo de esta nueva norma subyacen también, tal y como se ha dejado notar en los debates parlamentarios, los recientes escándalos de supuesta corrupción urbanística aparecidos en España y en Aragón en los últimos meses y, en especial, el caso de La Muela.
El tiempo nos dirá si nuestros parlamentarios han aprovechado la ocasión para dar solución a los dos problemas principales que debería haber resuelto esta Ley: el freno al encarecimiento escandaloso del precio de la vivienda de los últimos años y el control eficaz de la actuación urbanística pública (municipal y autonómica), que evite los casos de corrupción.
La voluntad del legislador, sensible ante esta especial situación en la que vivimos, ha sido encauzar estos dos importantes retos, para lo cual se ha procedido a regular con más detalle algunas figuras controvertidas, como las sociedades urbanísticas municipales, o los proyectos supramunicipales autonómicos (también se ha aprobado semanas atrás la controvertida ley especial de Gran Scala: la de Centros de Ocio de Gran Capacidad).
Sin embargo, los agentes sociales y económicos y algunos expertos criticaron aspectos importantes de esta ley, como el reforzamiento de las competencias urbanísticas autonómicas en detrimento de las municipales, que se justifica si así se refuerzan los instrumentos de control o el auxilio técnico a los pequeños municipios, por ejemplo.

SI RELACIONAMOS los dos objetivos antes mencionados (control de la corrupción y acceso de los aragoneses a una vivienda digna), esta Ley deberá suponer la implantación de un nuevo modelo urbanístico, donde se reduzca la importancia del valor del suelo y de sus sucesivas recalificaciones, y se dé relevancia a lo que se encuentra por encima de él: la construcción o edificio final, que es al fin y al cabo lo que constituye la vivienda o la nave industrial o edificio público.
Porque si dejáramos de destinar la gran cantidad de recursos que hoy dedicamos a pagar las altísimas hipotecas (hasta un 80% del salario familiar) y se reconduce esta inversión hacia la financiación de los sectores económicos emergentes (como industria tradicional, nuevas tecnologías, energías renovables o sector servicios) y al consumo de las familias, entonces la salida de la crisis económica estará mucho más cerca.

DEBEMOS concienciarnos de que el modelo urbanístico de los últimos años, basado en el valor del suelo y en las recalificaciones, sólo beneficia a los propietarios de solares, pero perjudica a las familias y a las empresas y, en definitiva, a todo el sistema económico.
De ahí la necesidad de un cambio radical en el sistema urbanístico que se ha aplicado en las últimas décadas en Aragón y en España.

Abogado

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