martes, 9 de junio de 2009

EUROPA Y LOS CIUDADANOS

Heraldo de Aragón, 9 de junio de 2009
Han transcurrido ya 25 años desde que España firmó el Acta de Adhesión a las Comunidades Europeas, y la celebración ayer domingo, 7 de junio, de las elecciones europeas en todos los países de la Unión constituye un acontecimiento ya cotidiano, normal en nuestras vidas.
Tan normal que el inicial entusiasmo europeísta que teníamos los españoles en 1986, recién incorporados a la Unión, se ha transformado en la actualidad en un sentimiento pragmático, de aceptación de las instituciones europeas, pero al mismo tiempo de distanciamiento y apatía hacia el sistema político comunitario.
La no superación en prácticamente ningún país de la Unión Europea (y tampoco en el nuestro) del 50% de participación en estas elecciones, es un síntoma del cansancio de los ciudadanos hacia un sistema político que en los últimos años está comenzando a dar signos de agotamiento y de necesidad de un nuevo impulso democrático y participativo.
En el otro lado del Atlántico la nueva Administración Obama está dando pasos en la buena dirección, y en el Viejo Continente urge llevar a cabo una profunda reforma de nuestras instituciones y de las formas tradicionales de hacer política, de modo que los ciudadanos puedan sentirse más y mejor representados.
Hablando en estos días de campaña con distintos políticos aragoneses que han participado en ella, en privado reconocen sin excepción la necesidad de acometer algunas reformas que incentiven en futuras consultas la participación, y que acerquen más el sistema político a los electores.
El problema de la identificación mayor o menor de los ciudadanos con su sistema político no es por supuesto exclusivo de Aragón, ni de España, sino que afecta a todo el mundo occidental, y en tiempos actuales de crisis económica se ha agravado, pues los electores tienen la sensación de que los políticos, en general, no adoptan las suficientes medidas para superar esta etapa de dificultad.
Esta percepción puede ser más o menos certera (en Aragón, nuestro Presidente Marcelino Iglesias, ha interrumpido incluso la campaña para involucrarse en el problema de la General Motors, en un gesto de decisión y valentía política), pero el sentimiento general que existe en los ciudadanos nos debería llevar a plantearnos muchas cosas en el funcionamiento de nuestro sistema político.
Los responsables no sólo son los políticos, sino los mismos ciudadanos, que deberían ser más exigentes e involucrarse más en los asuntos públicos, abandonando la cómoda actitud de pasotismo.
Nuestros representantes públicos necesitan el apoyo de la población para poder afrontar con valentía los problemas sociales a los que se enfrentan cada día, y en la época actual de crisis, este apoyo resulta todavía más decisivo.
Por eso, Europa necesita a España, pues una democracia renovada en nuestro país, al ser nuestras instituciones más jóvenes que en la mayoría del resto de socios comunitarios, puede servir como revulsivo para afrontar con más garantía los actuales momentos de dificultad.